Talleres Cusqueños

Ya se ha dicho que la civilización es, en el fondo, una cuestión de límites. En el punto donde termina una nación y, por decir lo más obvio, empieza otra, o empieza el mar. Pero el mar, una vez que se superan los kilómetros de territorialidad asignados por los tratados internacionales, es el lugar sin límites por excelencia, es la amplitud y el vacío y es el país de los peces de aguas profundas, de las ballenas enormes y más bien silenciosas, de las criaturas que no podemos imaginar. El mar –jalando del hilo del argumento– es un poco como lo son cada una de las imágenes de esta serie que Santiago Bustamante presenta bajo el escueto título de “Talleres cusqueños”. (Un título que, de manera más bien paradojal, hace referencia a un oficio y a un contexto, a una demarcación). Si las miramos bien, y, sobre todo, si las miramos juntas, una tras otra, entendemos que, al interior de esta serie de fotos de escenas y detalles de talleres automotrices, las imágenes se derraman como el mar: pierden límites, se abren, se descascaran. Pero no es solo un efecto de captura lo que activa el mecanismo de este dispositivo artístico, de esta suerte de “derrame”, sino sobre todo un efecto de saturación. La saturación exasperada consigue que la materialidad compita con la función: hace que la materialidad doblegue a ratos a la función, o directamente la haga sufrir, la quiebre.

En esos intervalos, en los momentos en que materia y función se aproximan y chocan, aparece la bandera irónica del símbolo, del misterio, del avistamiento de lo que no se debería poder avistar. “Talleres cusqueños” no es la reunión temática de un conjunto de fotos; es mucho más que eso: es el atestiguamiento de lo que se pierde pero nunca está del todo perdido, es la idea del tiempo como desfiguración y reordenamiento, es el humor que salta como una chispa cuando vemos la imagen frontal de la clásica combi Volkswagen intervenida primero por el mecánico y luego por el fotógrafo, es la idea del arte y de la creatividad como una carrera de relevos en la que sin embargo no se compite, se vive, se corre, se busca el cambio.

Diego Otero
(Escritor limeño)

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