Abstractos Pictóricos
El presente cuerpo de trabajo es un homenaje al Expresionismo Abstracto norteamericano de mediados del SXX. Es mi propio tributo, como fotógrafo peruano, a grandes maestros pintores como Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Franz Kline, etc.
Los expresionistas abstractos convirtieron el proceso artístico en un rito espiritual, siendo la obra la prueba documental del mismo. La improvisación formaba parte de este trance casi místico, en el que el artista entraba en contacto directo consigo mismo y con sus verdades más profundas (me identifico mucho con este proceso). Cada brochazo era un sentimiento, cada color, una emoción.
Una importante influencia para estas imágenes es el conjunto de abstractos que el gran fotógrafo norteamericano Aaron Siskind realizó durante
sus viajes al Perú en la década de los setentas. Se podría decir que él fue “el fotógrafo de los expresionistas abstractos”, pues la mayoría fueron pintores. A pesar de que su trabajo es en blanco y negro, los abstractos de Siskind constituyen, en cierto modo, la esencia primigenia de estos “Abstractos Pictóricos”.
Este trabajo fotográfico consiste en una exploración de varios talleres automotrices marginales zonas de Cusco poco frecuentadas por
los turistas. Estamos hablando de establecimientos de planchado y pintura de automóviles. Es aquí donde llevo a cabo una visión segmentada, una mirada ciertamente cerrada y cercana de estos muros de adobe “intervenidos” con aerosol por los maestros pintores de carros.
Lo que hago es utilizar estos dos materiales y luego intento ordenar el caos con la mirada. Mediante el uso
de criterios, propios de la composición fotográfica, intento otorgar orden al desorden y al mismo tiempo ver lo ordinario como algo extra-ordinario.
Escogí Cusco para este trabajo por la innegable calidad de la luz que, sobre todo en ciertas épocas del año, dicha ciudad ostenta.
La mayoría de locaciones eran terrenos sin techo enmarcados en paredes
hechas de adobe. Era en dichas paredes donde el maestro pintor probaba los colores de sus aerosoles para decidir
cuál utilizaría y con qué potencia debería apretar el botón del aerosol. Estas pruebas eran totalmente azarosas y espontáneas. Algunas paredes estaban enteramente cubiertas por estas manchas de colores, como si se tratase de grafitis abstractos.
Entonces yo, luego de dialogar con el dueño del taller, realizaba una selección de pedazos específicos de dichas paredes mediante lo que llamaría “el arte del encuadre”. Mi ojo se convirtió en un órgano cuya labor inicial era segmentar o “editar” la realidad.Todos los factores anteriores se combinan mágicamente con el resplandor del sol característico de la tarde cusqueña, donde todo brilla y donde todo contrasta, creándose sombras que se prolongan hasta la eternidad.
Es un sol cálido y dorado, que pinta de dicho color todo aquello que, como el oro de los incas, majestuosamente ilumina. La tarea que llevo a cabo como fotógrafo es, en primer lugar, crear una composición personal a partir de cierta parte de la pared que me atraiga particularmente.
Utilizo encuadres cerrados para enmarcar la porción que me interesa de la “pintura” en la pared y así generar la mía propia “recortando” un pedazo de la primera.
Dicen que la fotografía es tanto una operación de suma como una de resta. Componer una imagen implica la decisión de cómo distribuir los elementos en el encuadre. Si lo vemos como un proceso sumatorio, se trata de ver qué elementos estarán presentes dentro del encuadre. Si lo vemos como un proceso de resta, se decide qué elementos quedarán fuera del encuadre. Decidir qué quedará dentro del encuadre es tan importante como decidir qué quedará fuera de él.
Tanto la selección del color y la distribución de las formas, como la elección de la textura, determinan el tipo de abstracción que voy a realizar. En realidad, estoy llevando a cabo una meta-abstracción, pues la mía surge de una abstracción anterior: la abstracción involuntaria por parte del pintor de autos del taller.
Santiago Bustamante