BUSTAMANTE, HOY

Si uno recordara la noción, tantas veces referida en Occidente, del horror al vacío y la confrontase con la serie de imágenes que nos alcanza Santiago Bustamante concluiría, en la dirección opuesta, que lo que sus fotografías sugieren es una suerte de culto al vacío, un registro que se yergue en medio del propio vacío.

Vemos cómo Santiago muta los parajes urbanos en espacios desérticos, se aproxima a los rincones como si fueran altares, hace de las esquinas, en fin, los mejores pretextos para invocar un cierto recogimiento, una especie de mística citadina. En tal estética, franqueada por la humildad ruinosa de algunas moradas, la luz parece hacerse guiños con la vistosa paleta cromática del barranquito Enrique Polanco y con las atmósferas que Edward Hopper supo aislar en bares, hoteles y estaciones de servicio norteamericanos.

Quizá se trate de testimoniar con estas ilustraciones un efecto de borde entre los ámbitos públicos y los recintos privados, suerte de doble captura donde tanto lo público como lo privado van a verse públicamente privados de sus pretendidos nichos y correspondientes funciones. Y es que entre puertas y ventanas entrabiertas no alcanzamos a distinguir a ocupante alguno, tampoco los hay en las cercanías del altar o en el balcón a duras penas sostenido. Bustamante barre entonces con toda figura peatonal convirtiendo las calles en sets desérticos o haciendo que los destellos luminosos y los efectos climáticos dialoguen entre sí. A veces simétrico, a veces ladeado, trazando diagonales y vectores, experimentando lo que hay de fluctuante en la mirada, Santiago nos presenta una serie de diagramas, nos propone unos cuantos conceptos,triangula en fin con el interés que, de seguros, sus tomas despiertan.

Julio Hevia Garrido Lecca

© Santiago Bustamante 2015