NOCTURNOS SELECTOS (Lima, 2001-2013)

Doce imágenes que recuperan el color profundo de una ciudad cuya luz natural tiende a esquivar el contraste y que durante días de días a lo largo del año sencillamente no produce sombra alguna. Visiones nocturnas que surgen a contrapelo de esa atmósfera de monocromía y refuerzan la aparición del color con el uso de la leve luz artificial que cuelga de los postes de los barrios en los que el tiempo ha privilegiado injustamente las sombras y el olvido.

Y así y todo, estos son retratos de espacios en donde el color redivivo no equivale en forma alguna a la negación del abandono. A diferencia de los nocturnos del cambio del siglo anterior (y anterior), estas imágenes no son un desafío por penetrar en la oscuridad y develar esa metáfora de la luz abriéndose paso en los territorios que le son ajenos. Acaso sí es verdad que al menos comparten con cierto antiguo simbolismo el dato en pos del misterio, y también cierta incertidumbre por el paso del tiempo y la ausencia reflexiva de los habitantes de esas calles en inesperada iridiscencia.

Pensando en ese paso, las fotografías de Santiago Bustamante desarrollan una paleta específica y única para detenerse en esa huella. Un gesto que ha retomado con deliberación el color subido y saturado de cierta pintura cruda del expresionismo urbano, que supo buscar en sus texturas la estridencia de la aparición de otro horizonte cultural, en los años 80s del siglo pasado. Un horizonte quizás esperado entre nosotros, pero que el tiempo fue a su vez transformando y también tapando: es la desaparición de ese mundo ya al margen, aquello que estas fotos quieren rescatar en largas exposiciones, a mitad cubiertas por la oscuridad, a mitad sorprendidas por la luz.

Antes que un nuevo pictoricismo, esta es una manera de enfatizar las texturas que deja la luz en el tiempo: una manera de realzar la delicada materia de ese perfil urbano caído en el olvido. De brindarles la iluminación, el color y la vida de la cual carecen por fuera del ojo exclusivo del artista. De redimir pacientemente ese paisaje, aunque para eso haya que esperar la llegada de la noche.

Rodrigo Quijano

© Santiago Bustamante 2015