La Estética del abandono

 
 

¿Cómo conocí a Santiago? Una amiga en común, la escultora Nana de la Fuente, me contó una vez que conocía a un fotógrafo, y que si yo veía sus obras de hecho me gustarían; entonces me quedé con ganas de conocer a ese fotógrafo. Hasta que un día él me visitó en el taller y rápidamente nos hicimos buenos amigos. Me mostró su obra y me encontré con la misma Lima que yo trabajo, la “Lima periférica” como bien la llama Santiago. Eso me agradó, porque tenemos y compartimos el gusto por ver en esa Lima periférica algo trágico, porque no le corremos a mirar a esa Lima que lamentablemente es una ciudad dejada crecer al abandono y que, por algún milagro, no mucho de la vieja ciudad está desgraciada, pero está. En muchos de esos viejos barrios trabajamos coincidentemente los dos, Santiago con sus imágenes urbano-marginales, y yo igual, pero para mí Lima es la escenografía donde suceden cosas…

Una noche salí con Santiago y sus ayudantes, quienes hacen posible que él pueda realizar una toma. Sí pues, una toma que puede durar cinco minutos, ni uno menos, con la única luz mortecina de un viejo poste. Allí tenemos una coincidencia, la primera aproximación a esa “Lima periférica” que nos une. Santiago también la llama “escenario”, otra coincidencia interesante; conocer otra manera de ver similar.

Como en mi pintura, en la fotografía de Santiago lo cromático tiene una inmensa importancia. El resultado es, en muchísimos casos, una imagen alucinada, soñada. Está allí, pero con el uso de los colores ya deja de ser solo una foto. Hay en el fondo de ese ojo un pintor dormido. Durante años yo he fotografiado la ciudad, claro, son fotos que un pintor las toma como apuntes.

Santiago, como todo un profesional, realiza una foto pensada, encuadrada, algo casi perfecto. Esa es, creo yo, la actitud de nuestro fotógrafo al enfrentarse al encuadre de la ciudad. Mi trabajo es igual, pero en la técnica pictórica… esa es la gran diferencia entre los dos. Ambos trabajamos el color en gamas afiebradas, cada cual con su mirada personal, ambos con las técnicas que nos dan nuestros respectivos oficios. Los dos somos admiradores del claroscuro.

Santiago tuvo como profesor y asesor de tesis al gran fotógrafo norteamericano Stephen Shore, con quien realizó un viaje al Cusco y Nazca. Solo imaginémoslo. Su herramienta —su pincel— una máquina analógica clásica, una Hasselblad con la cual nos muestra esos espacios que su entrenado ojo nos enseña; seguramente piensa, como yo, que “la técnica está al servicio del espíritu”. Asistió a estudios de fotografía avanzados, como su Maestría en Artes Visuales en el prestigioso School of Visual Arts de Nueva York, lo mismo que en la Universidad de Lima y en el Instituto Gaudí.

Así, pues, estas breves palabras expresan mi admiración por la persona y la gran calidad de las imágenes foto-pictóricas de Santiago. Gracias, también, por entrar juntos en los infiernos de la ciudad.

Tengo colgada una hermosísima fotografía suya de una quinta de Barrios Altos, con una imagen bíblica en primer plano, con esa luz blanquecina, pálida y en claroscuro que me fascina ver.

 
Enrique Polanco

Barranco, 12 de Mayo del 2017